Re-disueñando las Organizaciones Solidarias

abril 9 | Posted by Equipo CRAC | EPA Tags: ,

Las organizaciones solidarias necesitamos reinventarnos. O cambiamos o morimos. Cuanto más nos resistamos a los cambios sociales, más fácil será que éstos se nos lleven por delante.

Pero conviene recordar a Paulo Freire cuando nos hacía ver que para transformar la realidad es preciso soñarla antes, imaginar una realidad distinta, transformada. El sueño antecede a la acción transformadora, le sirve de referencia, como un faro que señala el camino en la oscuridad.

Así pues, las organizaciones solidarias hemos de soñarnos reinventadas para poder reinventarnos.

Aunque para ello tenemos, entre otras muchas, una importante dificultad: nuestros rígidos, anquilosados “marcos mentales”. La tendencia inevitable, fatal, a llegar a las mismas conclusiones partiendo de las mismas premisas y utilizando las mismas herramientas. Nos resulta imposible soñar el futuro con la mentalidad del presente.

Sin embargo, cuando modificamos las condiciones, rompemos los límites, salimos de los esquemas establecidos, utilizamos otras fórmulas, otros lenguajes, otras metodologías, transitamos otros caminos… podemos llegar a vislumbrar nuevas perspectivas, nuevas posibilidades, nuevas soluciones.

Los “di-sueños” que presentaremos a continuación son escenarios basados en la reflexión colectiva de un grupo de personas, miembros de distintas organizaciones solidarias, que se sentaron un día a imaginar juntas una realidad diferente, utilizando para ello métodos y técnicas diferentes a los convencionales.

Probablemente, no son escenarios “originales”, en el sentido de que ya los habrán pensado o imaginado otras personas, en otras circunstancias. Eso no les quita ningún valor, por el contrario, aquellas ideas que aparecen y reaparecen en contextos diferentes, con personas diferentes, en momentos diferentes… parecen señalar “tendencias” que trascienden lo personal o lo grupal, lo particular de un territorio o un grupo determinado. Tienen un valor general, por encima de fronteras culturales o geográficas.

Pero, además, no creemos que el ejercicio necesario de la búsqueda de nuevas ideas, nuevos imaginarios, nuevas formas organizativas y de acción para la iniciativa social, deba tener como referente la “originalidad”, lo novedoso por lo novedoso. Seguramente, esa reinvención, esa búsqueda de lo nuevo ha de pasar necesariamente por caminos ya transitados, por la recuperación, reinterpretación y revalorización de muchas soluciones ya conocidas, algunas tan viejas como los propios movimientos sociales.

Traemos aquí a colación estos escenarios por dos razones principales. La primera es porque creemos firmemente en la necesidad de repetir, replicar, multiplicar el ejercicio: que las gentes de las organizaciones solidarias se pongan a soñar su futuro.

La segunda razón es porque creemos que las ideas, como las cerezas, salen del cesto de tres en tres, unas arrastran a otras. O sea, que no basta con producirlas, hay que discutirlas, darles la vuelta, mirarlas con otros ojos, desde perspectivas diferentes… para que cuajen y maduren, para que crezcan y puedan ser llevadas a la práctica. Así que traemos aquí estos sueños para que -ojalá- se retomen y discutan, para que generen otros nuevos.

Estos son:

Mixturas, mestizajes organizativos

Se acabaron las identidades puras, incontaminadas. Es el momento de que se mezclen  las organizaciones diferentes, los diferentes campos de intervención social, las distintas soluciones organizativas.

En adelante, veremos como se componen alianzas y combinaciones entre organizaciones que pretenden transformar el territorio con otras que se dirigen a las personas que lo habitan. Ya conocemos ejemplos como el ecofeminismo, el  ecopacifismo, etc., pero asistiremos también al surgimiento de los mestizajes -aparentemente- más insólitos entre las organizaciones más diversas de los más diversos campos (“organizaciones gallifantes”).

Y se multiplicarán, necesariamente, las conexiones entre proyectos sociales y proyectos productivos, se combinarán las empresas de economía social y alternativa con las iniciativas centradas en la reivindicación de derechos y deberes sociales, con proyectos dirigidos a la transformación social.

Una parte fundamental de la futura sostenibilidad de las organizaciones solidarias procederá precisamente del apoyo de las nuevas empresas sociales y alternativas, creadas no por el afán de acumulación de beneficios sino por la necesidad de producir -de manera alternativa-  nuevos bienes y servicios a la medida de las necesidades de una nueva sociedad.

Organizaciones cuidadanas

La centralidad de las organizaciones sociales serán las personas, y no porque aquellas renuncien a conseguir sus objetivos, a producir transformaciones en la realidad, sino porque serán plenamente conscientes de que las transformaciones solo pueden producirse por y desde las personas concretas. No existe cambio social sin cambio en los valores, actitudes y comportamientos de las personas que forman la sociedad.

Serán, por tanto, organizaciones que cuidarán a las personas que las formen, a su entorno comunitario, al medio ambiente, a su patrimonio cultural e histórico… Asociaciones en las que los valores (el afecto, el cariño, la solidaridad, la empatía, la ternura…) no serán un adjetivo sino un sustantivo, un elemento fundamental de su identidad y su forma de organizarse.

Organizaciones que promoverán el “activismo creativo”, en cuyas formas de acción estarán presentes la alegría, el humor, la música, la creatividad… en las que será divertido participar, ser y tomar parte. Asociaciones que darán valor y dedicarán tiempo a la escucha, al diálogo, al encuentro. Que disfrutarán de la reflexión colectiva, del intercambio, del aprendizaje, que se permitirán “divagar” (“aceptando el riesgo del extravío”, como dice Antonio Rodríguez de las Heras).

Economía cooperativa y alternativa

La economía de las organizaciones solidarias, su sostenibilidad, encontrará formas nuevas en un contexto de reciclaje y reaprovechamiento de los recursos, en un escenario de decrecimiento (“vivir mejor con menos”).

La base de esa nueva economía de las organizaciones será la lógica de la austeridad y el uso compartido. Se multiplicarán los espacios y los recursos compartidos por diversas entidades. Se generalizará el trueque de servicios y recursos entre organizaciones, los “bancos de tiempo” ínter-organizacionales, las “cosatekas” o almacenes de recursos disponibles para el libre uso de las organizaciones o de la propia comunidad.

Las organizaciones desarrollarán centros y cooperativas de compras de bienes y servicios,  destinados a abastecer a las redes asociativas, relacionados con sus estrechas conexiones con las redes productivas alternativas.

Pero, además, las nuevas organizaciones recuperarán para su uso los recursos comunitarios existentes, okuparán (aunque solo sea por la multiplicación del uso) los equipamientos y los espacios públicos, las bibliotecas y espacios culturales, los parques y plazas…

Nuevos proyectos, soluciones alternativas

Los proyectos de acción de las organizaciones solidarias también van a cambiar profundamente. Se desarrollarán actividades y líneas de acción diferentes, mestizándose también las formas de intervención de las organizaciones.

Recuperarán y potenciarán el carácter de denuncia y reivindicación de sus acciones, y al mismo tiempo también prestarán una particular atención a la puesta en marcha de respuestas y soluciones a los problemas y necesidades concretos de las gentes, de las comunidades sociales, sin esperar a que sean los poderes públicos quienes lo hagan.

Pero, además, cambiarán también las formas de planificar, diseñar y gestionar los proyectos de las organizaciones. No competirán entre si para elaborar proyectos en “exclusiva”,  en competencia con las otras organizaciones sociales, sino que cooperarán entre ellas para desarrollar proyectos conjuntos.

Existirán “bancos de proyectos”, en régimen de copyleft, de uso abierto, alimentados por proyectos aportados por las distintas entidades para su aprovechamiento, réplica o adaptación por parte de cualquier entidad social que desee llevarlos a cabo. Se multiplicarán los proyectos conjuntos en los que las entidades complementarán sus capacidades para llevar a cabo coordinadamente diversas partes de un mismo proyecto, o para desarrollar simultáneamente un mismo proyecto en distintos territorios, compartiendo recursos metodológicos y técnicos, compartiendo el seguimiento y el rediseño, la evaluación, etc.

Se desarrollarán también proyectos “franquiciados”, o sea, definidos y proyectados por una entidad que cede, apoya y supervisa su desarrollo en otros territorios, rentabilizando experiencias, transfiriendo metodologías.

Simplicidad, proximidad organizativa y participación

Las organizaciones solidarias apostarán decididamente por la simplicidad y la cercanía. Se simplificarán los procedimientos, eliminando pasos innecesarios y trámites burocráticos, acercando la toma de las decisiones a quienes tienen que ejecutarlas.

En el interior de las organizaciones se potenciarán los grupos de afinidad, los grupos de interés y los grupos de autoayuda… Las organizaciones se convertirán en “comunidades de aprendizaje” organizativo.

Las organizaciones perderán rigidez para adoptar estructuras “blandas”, más flexibles, con capacidad de adaptarse, de cambiar en la medida de las necesidades derivadas de la acción o la propia organización.

Un objetivo fundamental de la articulación organizativa será facilitar la participación, entendida ésta como construcción cooperativa, intercambio, diálogo, inteligencia colectiva… Para ello, las organizaciones pondrán a trabajar su creatividad y sus recursos para multiplicar y diversificar las formas posibles de participación. Que pueda haber más y más personas, que de forma puntual o continuada, de diferentes maneras,  en diferentes grados, puedan aportar fácilmente sus ideas, sus conocimientos, sus recursos, sus propuestas, sus soluciones, sus opiniones.

Las organizaciones solidarias perderán la obsesión por la pertenencia, por la captación y fidelización de participantes. Por el contrario, los procesos de mestizaje organizativo, que ya hemos comentado más arriba, harán que, de forma natural, las organizaciones también compartan sus bases sociales. Eso significará un avance en una concepción global, transversal, de los movimientos sociales, y supondrá un fortalecimiento de las propias organizaciones, pero obligará, afortunadamente, a transformar las formas tradicionales de participación, haciéndolas más abiertas.

Las TIC serán para todo ello un potente aliado, una herramienta útil, que permitirá conocer y opinar, y estar en contacto y aportar, sensibilizar, informar… Y permitirán hacer un seguimiento online, en directo, del desarrollo de las iniciativas, las actividades y los proyectos, por parte de todas las personas interesadas, miembros de la organización, pero también simpatizantes, colaboradores, etc.

Muchos de estos sueños que acabamos de compartir serán realidad más temprano que tarde, otros no llegarán a concretarse nunca, y otros sueños son todavía inéditos, desconocidos, no somos capaces siquiera de imaginarlos.

La experiencia nos dice que, con frecuencia, los logros no son idénticos a los sueños que los pusieron en marcha. El camino, la realidad concreta, el contexto… hicieron que aquellos sueños fueran modulándose, adecuándose a las circunstancias, a las condiciones realmente existentes. Pero sabemos que nunca hubiéramos llegado a ningún sitio sin un sueño que perseguir.

Parafraseando lo que Eduardo Galeano contaba sobre el papel de la utopía (“La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía?”) los sueños nos sirven para caminar.

Insistimos, las organizaciones solidarias tenemos que dedicar más tiempo a soñar, a imaginar nuevas formas de organizarnos y de actuar, y hemos de hacerlo colectivamente, de manera participativa, con métodos creativos e innovadores, implicando a cuantas personas sea posible de entre quienes forman nuestras organizaciones.

Fernando de la Riva
Equipo CRAC
Colectivo de Educación para la Participación, CRAC

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