
Más resultados del I Encuentro de Educación para la Participación.
En este caso, el relato del debate en el grupo de trabajo que se ocupó de reflexionar sobre las redes y el trabajo en red.
¿Qué importancia tiene el trabajo en red para nuestros colectivos que pretendemos transformar la realidad, construir Otro Mundo Posible?
(No confundir con el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, que diría la monja)
En nuestro grupo a lo largo de las dos sesiones del, Encuentro se fue definiendo el concepto de red, esta definición se puede decir que fue parte de las conclusiones a las que fuimos llegando:
Primero, por la mañana, en un intercambio de impresiones, inquietudes y experiencias, por la tarde en un debate que se inicia y con el que nos quedamos con ganas de más, ¿Lo seguimos en el foro?
Toma de contacto, por la mañana, en la Caleta
Coincidimos en que una Red no es “una cosa”, sino que es una forma de trabajar, en la que su sal es el apoyo mutuo.
Que más que una opción en las relaciones se convierte en una condición de la realidad en la que vivimos, en la que nos desenvolvemos.
En la que más que incidir en la eficacia, es primordial incidir en la coherencia de la comprensión de la Acción Social para lograr dicha eficacia.
En la que no se improvisa en realidad, sino que hay un proceso que empieza por una misma, por nosotras mismas, por nuestros propios colectivos, practicando la horizontalidad, transparencia…de lo contrario se convierte en demagogia.
En la que no hay PARTICIPACIÓN EN RED si no existe una transferencia de información. Si no se comparte realmente, caeríamos en una estructura jerárquica, de arriba-abajo.
Vimos que, trabajar en red surge de ponernos de acuerdo:
Surge primero de un interés propio (“mi interés”) que surge de una necesidad, que, a su vez, se va implicando con otras personas que lo comparten o se complementan, convirtiéndose en interés colectivo (“nuestro interés”).- Nos usamos porque nos necesitamos.
Desde la coherencia, hablamos de lógica y de sentido común, de que necesitamos interactuar. De que si bien podemos empezar por intereses y con necesidades propias y concretas, no podemos quedarnos estancadas, por que entonces es cuando entramos en crisis, porque sufrimos falta de perspectivas, son esos los procesos que se agotan allí, procesos , en los que hay que crear y pensar en valores. A los que hay que dotar, en ese preciso momento, de metodologías abiertas y dinámicas, que respondan a cada circunstancia y contexto. En las que tiene que haber una EDUCACIÓN PARA LA PARTICIPACIÓN.
Aquí es imprescindible recordar lo que somos, personas, que, como tales, expandimos nuestras redes invisibles, donde juegan un papel importante afectos, emociones, confianza, respeto… Cosas de las que hemos hablado y que han estado patentes durante todo el encuentro, y que transcribir tanta intensidad resulta difícil, pero que intenta estar presente en el reflejo de nuestro trabajo, así como en estas conclusiones.
Cuando faltan estos componentes más humanos, y no menos políticos, se construyen alianzas endebles, por ejemplo:
Hubo una crítica desde y hacia los colectivos sociales, que nos llevo a reflexionar:
A veces, a la gente que participa se la cataloga de Válida / No Válida desde el peligro de una relación elitista, basada en el no compartir herramientas como la información, el no respetar tiempos y ritmos, concebidas en una mentalidad mamada desde la individualidad y la insolidaridad… (nadie ha dicho que sea fácil, esto de las redes, pero sí de mucho sentido común y respeto)
Si esto pasa en nuestro grupos, si no se da el trabajo en red en nuestro propio espacio, el proceso se ha acabado ahí, no tendremos más herramientas para seguir tejiendo complicidades.
Hace falta ser sinceras con nosotras mismas y hacer visible que, es fundamental tanto el autoaprendizaje como el autodiagnóstico. Pero también estar atentas a los proyectos de otras.
Y que ante una voluntad transformadora, es imprescindible el trabajo en red, si no, cabe preguntarnos hasta qué punto tiene sentido el trabajo en nuestro grupos. (Aquí nos planteamos formas de asumir responsabilidades, como el Liderazgo Colectivo, la construcción de Antagonismo y Contrapoder).
Ante esta expectativa, el enredarnos, no es para nada compatible con el exceso de activismo “feroz” en el que muchas veces caemos, sería una incongruencia. Tampoco con el de la apatía y la falta de implicación que nos llevaría a desaparecer.
Aquí hablamos también de la administración, en las que distinguimos la administración en sí, la administración como institución, cerrada y jerárquica, en la que no hay horizontalidad, y la diferenciamos de las personas que podemos encontrar en ellas, algunas, con inquietudes, con necesidades e intereses comunes.
Estas gentes nos contaban preocupaciones como la de los equipos, que en general, caen al poco tiempo (por contratos de tiempo limitado, cuestiones laborales), sin acabar el proceso que había iniciado, interrumpiéndolo.
Sin embargo otras visiones apuntaban que cabe cuestionarnos en qué pensar ante estos contextos, pues podía ser muy positivo que ese tiempo fuese limitado, siendo previsoras, buscando objetivos realizables en ese espacio de tiempo y al mismo tiempo si conectábamos con los intereses y necesidades de los que hablábamos antes: si se enredaba a más gente, contagiándose entre sí, por lo cual nadie se vuelve o se sitúa imprescindible y tampoco tiene por qué desaparecer en un entorno amplio que continuara el proceso, hablamos de abrir espacios y promover la participación.
Ante estas cuestiones, planteamos que el estar abiertas es también estarlo a perder miedos a modificar nuestras visiones en todo ámbito (trabajo, empleo, implicación, participación en diferentes ámbitos sociales) aprendiendo juntas, de otros puntos de vista y de vivir la realidad, ante una forma de trabajo expansiva, de contagio, en red…
Ahora es cuando comienza la tarde, repasamos el acta que llevábamos hasta el momento, y comenzamos un debate que retoma y que parte de un cuestionamiento ¿por qué hablamos de “ellos”, de la “gente”?, notamos que al hablar de nuestro trabajo en la acción social, hubo poca gente que hablara en primera persona, que no se separara de “los otros” (las vecinas, las jóvenes, las precarias…)…
Y entonces comenzamos un serio debate para diferenciar lo que es la “intervención social”, las experiencias de trabajo de desarrollo comunitario, lo que es la diferencia del trabajo dentro de la administración y del desarrollado en colectivos sociales, trabajo en equipo y la implicación en red real.
La gente de la Madeja (disculpen haberlas llamado “Maraña”), de Baladre y CRAC coincidimos en experiencias donde hay una reflexión colectiva, la búsqueda del consenso, que parte de una iniciativa de muchas, pero con autonomía de todas, de las personas y grupos que aprovechamos nuestras sinergias, coordinándonos y apoyándonos mutuamente…
Y entonces apuntamos que eso es parte de lo que nos separa de la administración, (que no de determinadas personas que trabajan en ella). La administración, la institución en sí, tiene una carencia para trabajar en red.
Pues su lógica, que marca su ideología política, diverge rotundamente de la lógica horizontal, por tanto colectiva, del trabajo en red.
Siendo su discurso totalmente contrario, da soluciones parciales, respondiendo a los problemas de la gente (“ellas”) con respuestas asistencialistas.
Hablamos de que sí que hay experiencias válidas de gente que trabaja en la administración, solo hace falta recordar lo que compartieron las compañeras de Tenerife y Extremadura.
Tambien tenemos experiencias en las que la Administración protagoniza la apropiación de una acción o respuesta social.
Se defendió, la gente que estais en la Administración, que era posible cambiarla desde dentro, que la gente somos dueñas de los recursos de la administración, y los tenemos que ver como nuestros.
El debate quedó abierto, a la espera de ser retomado, queríamos más tiempo…
Pensamos que las REDES están en nuestra cotidianeidad. Que tenemos que superar miedos, como el miedo a la pérdida de identidad. Que en las REDES el discurso no se desvirtúa, si no que está en constante construcción colectiva. Donde puede haber, de forma muy positiva, un efecto multiplicador, que queremos transmitir y encontrar espacios y tiempos para ello, porque así las preguntas y las respuestas que nos podamos encontrar y provocar se retroalimentan, con la ventaja de un aprendizaje dialéctico. En los que participamos porque es una oportunidad para tejer complicidades con más personas, grupos y realidades. Tomar impulso y confianza para seguir educándonos en la participación.
La relatoría la elaboró Natalia de Baladre.